El bífido Belloch

Sábado, 21 Abril 2007

Juan Alberto Belloch

En una democracia, los políticos nos examinamos ante los ciudadanos cada cierto tiempo. Cuando se trata de los Ayuntamientos, el plazo está tasado en cuatro años. Toca muy pronto. Juan Alberto Belloch también será auscultado entonces. El tradicionalmente bífido Belloch (juez y parte, primero, Justicia e Interior después, Zaragoza y el orbe en este momento y ex casi todo en el futuro) aspira, en nombre del Partido Socialista, a revalidar la plaza que ocupa en el Ayuntamiento de Zaragoza, y la soberanía popular tendrá ocasión muy pronto de pronunciarse cumplidamente al respecto. No sabemos si Belloch aspira también a pagar los impuestos municipales en Zaragoza, a soportar su tráfico, a poder comprar una vivienda, a convivir con la suciedad de las calles y a padecer el transporte público, o sólo aspira a vestir el cargo con la misma indiferencia, flojedad y apatía que ha acreditado hasta ahora, lustrando simultáneamente la vecindad del querido pueblo de Zuera.

Con ser importante y significativa esa falta de implicación vital con sus conciudadanos, no lo es todo. A un alcalde, a este Alcalde, hay que pedirle cuentas de su gestión. Y aquí, siendo sinceros, tampoco aprueba. No hace mucho tiempo contestó en una entrevista de prensa que “A lo largo de mi vida todo el mundo ha dicho que yo era ciertamente visionario”. O sea, como dice el Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua, Belloch es una persona “que por su fantasía exaltada se figura y cree con facilidad cosas quiméricas” (será por ello lo de su slogan de campaña “hacemos”). Es decir, todo lo contrario de lo que necesita un buen gobierno local y un regidor juicioso para nuestra ciudad, un regidor con los pies y el domicilio puestos en el suelo de esta ciudad, con la cruda realidad que nos circunda como espacio de su actuación, sin ningún fanatismo ni exaltación, sin ingenuidad ni desvaríos.

Si algún genotipo político caracteriza a Belloch a lo largo de su vida pública es el de la dualidad, el del desdoblamiento, el de una personalidad bifurcada que se traduce en abarcar mucho y apretar poco, que se desenvuelve en un concepto del municipalismo como el extrarradio de la actividad política, gravitando siempre en la provisionalidad y el utilitarismo del cargo, mirando siempre de reojo los viejos y añorados oropeles oficiales madrileños, a los que desea volver cuanto antes.

El Ayuntamiento de Zaragoza no debe seguir siendo el refugio ni la retaguardia ocasional para la vanidad insaciable de su regidor. Merecemos un Ayuntamiento comprometido hasta la médula con los ciudadanos, que su Alcalde entienda la tarea como el servicio público más trascendente, cercano y directo que se pueda concebir, que se embarque en labrar el futuro sin coartadas ni dobleces, que se prodigue en resolver problemas y no en abonar los, y sus, delirios de grandeza.

El Alcalde Zaragoza, alejado de la calle desde hace ya algunos años -porque ¿alguien lo ve pasear por la ciudad, tomarse un café en un bar, charlar en un restaurante con amigos o simplemente departir con los vecinos?-, ha demostrado una extraordinaria capacidad para hacer y decir muchas cosas ajenas a los intereses de esta ciudad, la cual desconoce. Como es un hombre visionario pero no ubicuo, Zaragoza se ha resentido, claro está, de la distracción permanente de Belloch. Hace un par de años escribió en un artículo que: “llevo una bestia dormida perfectamente conservada en mi conciencia” (sic), a propósito de cuentas pendientes, sombras y fantasmas del pasado que parece que le atormentan. Llega la hora de liberar a la bestia política de sus exóticas fatigas y buscar, sin ir muy lejos, a un vecino, normal, responsable, ilusionado, eficaz y que escuche y hable con los ciudadanos para que gobierne nuestra ciudad. La verdad, es que no lo tenemos tan lejos.


Me disculpo

Lunes, 16 Abril 2007

He recibido durante estos últimos días, por boca de unos amigos, el comentario hecho por un ciudadano en el que critica -como está en su derecho y así lo asumo- mi “Carta al PSOE” o, más bien, las expresiones que en ella utilizo.

Repasado de nuevo, y con el paso de los días, tengo que reconocer mi “calentón” sobre un hecho puntual como fue y es el caso de De Juana Chaos. Pido, desde estas líneas, disculpas a todos aquellos que haya podido ofender, asegurándoles que no era -ni es- mi intención molestar a nadie.

Creo que es humano, aunque seguramente políticamente incorrecto para algunos, no para mí, reconocer que me haya podido equivocar, si bien tengo que asegurar que la intención del artículo, y no sus formas, las mantengo.